En nombre de una mayor liquidez para el trabajador, el Congreso aprobó las polémicas normas que liberan a las CTS y exoneran a las gratificaciones.
En tiempo récord, el Congreso aprobó dos medidas que buscan inyectar fluidez a la economía nacional. Primero, el proyecto de ley que exonera de aportes a las gratificaciones de 2009 y de 2010; y segundo, el que permite la libre disponibilidad temporal y posterior intangibilidad de la compensación por tiempo de servicios (CTS). Según este último, los trabajadores podrán disponer libremente del 100% de los depósitos que se hagan por este concepto en el presente año.
Ambas iniciativas buscan otorgar mayor liquidez al trabajador y generar un ligero impacto en el consumo interno, en tiempos en que nuestra economía refleja una desaceleración en su crecimiento debido a la crisis global. Sobre las ventajas y desventajas que ambas normas otorgarían al ambiente laboral, el especialista Jorge Castro Muñoz opina que “si bien a través de ellas los trabajadores van a tener un incremento de disponibilidad de dinero en los años 2009 y 2010, se debe tener en cuenta que parte de esa disponibilidad tiene como consecuencia una reducción de ingresos a futuro”. Por otra parte, el economista Eduardo Court considera que al darse estas medidas “no habrá mayores ventajas, al menos en lo que se espera respecto al incremento del consumo. La gente preferirá cancelar deudas anteriores o ahorrar”.
Las posiciones del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y del Ministerio de Trabajo también han sido divergentes. Pero algo en lo que todos coinciden es que estas medidas no deben ser de carácter permanente (recordemos lo que ocurrió con el “temporal” impuesto a las transacciones financieras), debido a lo peligroso que sería dejar a los trabajadores sin un capital como seguro de desempleo, en el caso de la CTS; y sin caudal a EsSalud y a los fondos de pensiones, tratándose de las gratificaciones.
Por otra parte, la prontitud por debatir en el Congreso estas normas ha llamado la atención en el terreno laboral. No hubo mucho debate. “El Gobierno recién se está dando cuenta de la profundidad y posible duración de la crisis (¿cuatro años a más?), por lo que está previendo paliativos económicos para los tiempos venideros”, sostiene Court.
Se te hizo
Respecto a las CTS, se puede afirmar que su efecto no repercutirá de manera notable en el consumo interno. Y es que el 66% de los aportes por CTS se encuentra concentrado solo en el 5% de los cerca de dos millones de personas que manejan este tipo de cuentas. Personas, principalmente, de los sectores A y B, que no considerarían conveniente disponer del 100% de su CTS para elevar su consumo, sino que se preocuparían por ahorrar un buen fondo para afrontar un eventual desempleo. En cambio, al 95% restante de aportantes, que pertenece a los estratos C, D y E, y que representa el 34% de las contribuciones, sí le sería más útil, ya sea para pagar deudas, aumentar su consumo, o reducir sus problemas económicos más graves.
Por otro lado, existe el argumento de que la poca repercusión en el consumo se deberá al hecho de que, hoy en día, los trabajadores ya cuentan con una fracción de su CTS (50%, que es de libre disponibilidad; y 80%, en caso de financiamiento de vivienda), y que, más bien, al liberar estos fondos, las arcas del sistema se debilitarían aún más.
¿Somos libres?
En cuanto a la exoneración de las gratificaciones, se proyecta que beneficiaría a unos cinco millones de trabajadores, aproximadamente al 30% de la PEA. Gracias a ello, el trabajador recibirá un 22% más de dinero (9% de EsSalud y 13% del Sistema de Pensiones) en sus remuneraciones extra de junio y diciembre, hasta el 2010, bajo la modalidad de “bonificación extraordinaria de carácter temporal no remunerativo ni pensionable”.
Se trata de una iniciativa que favorecerá a la economía en el corto plazo, pero sobre la que el MEF recomienda tener cuidado, pues al ponerla en práctica se descapitalizarían los sistemas de salud y de pensiones. Esto afectaría a los propios trabajadores afiliados a la seguridad social, y a los cesantes y jubilados del futuro. Además, se debe subrayar que, al reducirse anualmente dos aportes en las pensiones, un trabajador tendría que laborar tres años más, aproximadamente, para alcanzar su mínimo de contribuciones y recibir, así, una pensión digna.
Tendremos que esperar para ver los resultados de estas medidas. Mientras tanto, sería valioso que el Ejecutivo vigile y garantice al país su temporalidad, por el bienestar de los trabajadores. Además, sería ideal que se ofrezcan más posibilidades para incentivar el consumo en el mercado local, sin perjudicar la precariedad del sistema provisional de la CTS, el ahorro doméstico y los derechos laborales. Por último, y para tener en cuenta un nivel más general del asunto, no olvidemos que estas medidas solo beneficiarán a un grupo reducido de trabajadores que forman parte de la PEA formal, en contraposición de un gran sector trabajador que no verá ninguno de estos beneficios y que, en nuestro país, representa a la mayor parte de la masa laboral, que es de carácter informal.