In­for­me

La sindicalizaciÓn en el PerÚ: posibilidades y expectativas de una realidad que merece ser conciliada.

En la actualidad, el movimiento sindical peruano viene recuperando espacio luego de su casi desaparición en la década del noventa. Según cifras oficiales del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, el número de trabajadores sindicalizados se ha incrementado de manera sostenida, y ha pasado de 83.509 en el 2004 a 128.856 en el 2009, lo que representa el 8% de la población económicamente activa (PEA). Asimismo, durante el mismo periodo, se estima que se constituyeron más de cien organismos sindicales por año.

Sin embargo, más allá de este impulso, analizar el aporte de la sindicalización en nuestro mercado laboral aún depende de las posiciones y los enfoques —usualmente distintos— que giran alrededor del tema. Los trabajadores desean formar y fortalecer sus sindicatos, mientras que la mayoría de empresas preferiría, en el fondo, ejercer cierto control sobre ellos. De allí que la fortaleza de los sindicatos se encuentre supeditada a la organización de los propios gremios y, especialmente, a la actuación de sus dirigentes. La práctica democrática, el respeto a las leyes y los valores, así como la responsabilidad de los integrantes de estas instituciones y de sus líderes, son claves para una correcta gestión sindical.

Entre formas y requerimientos
En nuestro país, cuando hablamos de actividad sindical, nos referimos, principalmente, a los sindicatos de empresa y por rama de actividad. Los primeros, que reúnen a los colaboradores de una compañía en particular, constituyen la forma más recurrente de organización gremial. En tanto, los sindicatos por rama de actividad agrupan a los trabajadores de diferentes oficios dentro de una misma actividad de producción, como construcción o minería. Un detalle que no es señalado a menudo es que el sindicalismo por rama acusa una estructura de poder técnica y jerarquizada, en tanto que el de empresa permite, generalmente, la existencia de caudillismos, otorga más poder a los grupos de base y debilita su presencia como organización. Hablando claro, no es lo mismo ser secretario general de un sindicato de empresa que, por ejemplo, delegado de un sindicato nacional por rama, pues este último cargo exige mayor experiencia en temas como negociación colectiva y otros relacionados con el Derecho Laboral.

Vale señalar que las debilidades de los sindicatos de empresa no se presentan solo a nivel local, sino en todo el mundo, debido a que las variaciones en la distribución del trabajo, la tercerización y la informalidad permiten a ciertos empleadores manipularlos con alguna facilidad. La figura es sencilla: una vez registrado el sindicato, un empleador descontento podría cesar a los dirigentes electos, presionar al resto para que dé de baja su afiliación y anular el registro, que requiere un mínimo de veinte afiliados. En el caso del sindicato por rama de actividad, la cosa cambia, dado que la estructura y la legitimidad de la organización se mantienen, al margen de la presión que pueda ejercer la compañía. Además, como se exige un mínimo de cincuenta trabajadores para su constitución, resulta mucho más difícil de influenciar o vetar.


¿Misión imposible?
Pese a que nacen de un derecho fundamental (el derecho a la sindicalización recogido por nuestra Constitución), los sindicatos no han tenido, en el pasado, la participación esperada en el terreno laboral. Dos factores explican este hecho: en primer lugar, una actitud muchas veces cerrada en la defensa de condiciones adecuadas de empleo (en la que los incrementos salariales parecen ser la exigencia obligatoria); y en segundo término, el divorcio que existe entre la visión y los objetivos de los trabajadores, por un lado, y los de la empresa, por el otro. Continuar...

Informe: Asunto Medular
Si bien la responsabilidad social empresarial ha crecido en los últimos años, aún su concepción es incipiente.Leer
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