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NUEVAS EXIGENCIAS

Aunque estudiar una carrera universitaria o técnica en un centro prestigioso continúa siendo el mejor medio para aspirar a un puesto de trabajo digno, los demás requisitos han aumentado. Los empleadores esperan que el aspirante reúna otras aptitudes extras, tales como valores, facilidad para trabajar en equipo, una buena comunicación verbal y escrita, un perfil de liderazgo, entre otras.

Para el ingeniero Jesús Luy Tai, jefe de la Bolsa de Trabajo de la PUCP, estas habilidades, de cara a conseguir un empleo, tienen tanto o más peso que las de corte académico. “Un alumno puede ser muy bueno para dar exámenes, pero no para relacionarse con las personas o liderarlas. Tales carencias van a condicionar su contratación o su permanencia en una compañía”, explica el especialista.

Además, alguien que aspire a tener éxito en el mundo laboral debe ser capaz de asumir el riesgo y el cambio como algo natural. Décadas atrás, el ideal de las personas jóvenes era ingresar a una empresa grande y sólida que les procurara un ingreso fijo hasta el día de su jubilación. Hoy, la situación es otra, puesto que las compañías necesitan reestructurarse constantemente para mantener una vigencia en el mercado y mostrar una competitividad antaño impensada.

Por otro lado, es importante que el chico inicie su vida productiva lo antes posible; incluso, sin importar el rubro por el que muestre interés, ya que los reclutadores valorarán su experiencia y multifuncionalidad. En su experiencia como docente de la Universidad del Pacífico, el economista Gustavo Yamada ha percibido que está tendencia es más frecuente entre sus alumnos. “Los chicos de hoy ya no están interesados en ser estudiantes a tiempo completo. Ellos consideran que mientras más prácticas reseñen en su currículo antes de egresar, mejor les irá cuando postulen a una plaza”, señala.

Asimismo, otro factor que facilita el acceso de un joven al empleo es su preocupación por cultivar una amplia red de contactos, dado que en la actualidad, muchos trabajos se obtienen por la vía de las referencias personales. “Tengo alumnos que tienen la idea equivocada de que valen más si consiguen un empleo como ellos dicen ‘por sus propios méritos’. Yo trato de hacerlos entrar en razón, explicándoles que las recomendaciones muchas veces les brindarán la posibilidad de acceder a una entrevista importante”, indica Luy Tai.

PLANIFICANDO EL FUTURO

Según el último Informe Técnico de Empleo, emitido en octubre pasado por el INEI, las condiciones de vida de una persona están directamente relacionadas al nivel de educación que alcanza. Así, la proporción entre el sueldo de un profesional universitario promedio y un técnico superior es de 2 a 1, y de 3 a 1, si se le compara con alguien que solo tiene instrucción básica.

Al cotejar la estadística con mediciones pasadas, sobre todo con las realizadas antes de 1990, se advierte un incremento en la brecha, debido a los mayores niveles de especialización que se les exige al capital humano de hoy. Este es un claro aviso para los jóvenes que aún creen en alternativas diferentes a la educación superior. Pero no solo es el acceso a la instrucción lo que los diferenciará, sino también la calidad de educación que reciban. Lamentablemente, en el país no existe un organismo que controle la eficiencia ni los sistemas de licenciatura que poseen las universidades e institutos, lo cual ha generado un amplio y alarmante mercado de malos profesionales. Como consecuencia, las empresas se han inclinado a contratar egresados de ciertas casas superiores, discriminando a otras. Y pese a que la Ley prohíbe la realización de convocatorias excluyentes, en la práctica el problema no tiene visos de mejora.     

La demanda de las carreras es otro factor que facilita o complica las posibilidades de empleo. “El 60% de ofertas laborales que llega a la universidad está dirigida a tres especialidades: ingeniería industrial, administración y contabilidad. Quienes estudien estas carreras van a tener mayores posibilidades de conseguir un empleo”, explica el jefe de la Bolsa de Trabajo de la PUCP. Sin embargo, también advierte que lo grave no es tanto ingresar a un mercado copado, sino desconocer dónde se encuentran las oportunidades potenciales. De la misma manera opina Gustavo Yamada, quien opina que el valor del estudio se complementa con la proyección que tenga el muchacho de su carrera. “Si alguien desea estudiar astrofísica, y tiene todas las facultades para hacerlo, debe ser consciente de que, al menos, en Perú, le será muy difícil conseguir un empleo en esa área”, apunta.

Por otro lado, al momento de buscar un empleo, el joven necesita aclarar sus expectativas y prioridades personales –no solo las de rango económico–, por lo que debería investigar, previamente, si los valores de la organización a la que postula coinciden con los suyos. “Actualmente, una de las principales motivaciones de los egresados es el buen clima laboral, algo que no todas las organizaciones les pueden ofrecer. Por ello, tienen que conocer bien el lugar al que postulan”, explica Luy Tai.

Finalmente, las expectativas profesionales a futuro también deben estar bien definidas, pues no es lo mismo trabajar en una compañía global que mueve millones de dólares al día que en una de magnitud local. En este sentido, el joven tiene que tener claro de que, luego de tres o cuatro años, le podría ser muy difícil trasladarse a otra empresa, pues las experiencias adquiridas –aquellas por las que luego los contratarán– son totalmente distintas en una u otra organización. Continuar

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