In­for­me

El tamaño sí importa

Queda claro que una organización no puede considerarse socialmente responsable si no respeta las leyes y no es capaz de garantizar un entorno acorde con los requerimientos mínimos de seguridad y protección laborales. Por eso, en un país en el que el cumplimiento de las normas básicas representa un costo considerable y donde, según el último Informe Macroeconómico Multianual del Ministerio de Economía y Finanzas, solo el 24% de los trabajadores posee un empleo formal, la pregunta de rigor cae sola: ¿es la Responsabilidad Social una práctica sostenible para las empresas locales?

Sin duda, son las pequeñas y microempresas (mypes) las que encuentran mayores impedimentos en ese sentido. Las razones son más que conocidas: debilidad organizacional, productividad limitada, presupuestos bajos y ausencia de planificación, entre otras. Sin embargo, Henri Le Bienvenu, gerente de Perú 2021, una asociación civil conformada por empresarios para fomentar políticas de RSE, afirma que estas carencias en absoluto las justifican. “No es necesario hacer grandes inversiones para alcanzar objetivos sociales. Simplemente, se trata de actuar, de forma comprometida, con los stakeholders”. Y nombra un ejemplo exitoso: la heladería Holanda en Cajamarca que desde hace seis años, en base a una gestión responsable que incluye la inserción laboral de discapacitados y madres solteras, ha conseguido inaugurar cuatro locales en la ciudad, dinamizar el mercado y disparar su rentabilidad.

Por su parte, Giuliana Reyna asegura que poco importa en este punto la dimensión y el rubro de las empresas, pues “la RSE no solo abarca el ámbito institucional, sino también el aspecto individual. Por ejemplo, existe mucha voluntad de los propios trabajadores de las mypes y pymes, que participan constantemente en voluntariados que no requieren de una mayor inversión, como pintar colegios en zonas necesitadas”. Por otro lado, cabe resaltar que existen compañías cuyas propuestas de labor social están enfocadas, precisamente, en el sostenimiento de pequeños negocios. Tal es el caso de Backus y su programa ‘Progresando Juntos’, con una línea de acción dirigida a la capacitación de microempresarios vinculados con los sectores de agricultura, servicios y turismo.

Cadena de favores

Se entiende la RSE como una contribución voluntaria de la compañía al crecimiento y desarrollo de sus grupos de interés. Pero existe un detalle capital: la RSE implica una línea empresarial necesariamente comprometida en el tiempo. De otro modo, estaremos hablando de actividades filantrópicas y pasajeras que no integran –ni pretender integrar– al público interno (trabajadores) y externo (consumidores, ciudadanos) en metas comunes. “Son pocas las empresas que vinculan la RSE con el funcionamiento global de la organización; vale decir, con las operaciones que realizan o el personal que las hace posible. Así, muchas prefieren organizar eventos deportivos y celebrar el Día de la Madre o la Navidad que involucrar activamente al personal en el diseño de las políticas de responsabilidad social”, advierte el sociólogo Fernández-Maldonado.

Pero no todo es negativo. En el otro extremo de la balanza, tenemos muchas corporaciones que llevan a cabo proyectos en los que participan una fracción importante de sus colaboradores. IBM, por ejemplo, ha desarrollado “On Demand Community”, el programa de voluntariado más grande a nivel mundial, pues a la fecha tiene registrados a más de 130.000 de los 400.000 empleados de su planilla. El programa le brinda al trabajador la oportunidad de generar su propio proyecto de voluntariado y realizar, más adelante, una donación de parte de IBM a la causa propuesta. Mientras, en el medio local destaca “Recuperar”, una campaña emprendida por trabajadores de Alicorp que busca capacitar a medio millar de niños del Callao sobre conceptos de nutrición, higiene y salud; asimismo, la “Brigada de Socorro” de Petroperú se encarga de llevar ayuda emocional y material a poblaciones afectadas por desastres naturales, centrándose en actividades relacionadas con el arte y entretenimiento infantil.

Esta clase de prácticas no solo proporciona un rostro humano a las corporaciones, sino que suele derivar en beneficios internos bastante reconocibles. Para el gerente de Perú 2021, las personas pueden aprender nuevas habilidades, destacarse como líderes e integrarse con otros colaboradores. “Al ser retados de una forma diferente, potencian no sólo la parte emocional, sino aspectos que los ayudarán más adelante en su vida profesional”, agrega. Continuar

Informe: Asunto Medular
Si bien la responsabilidad social empresarial ha crecido en los últimos años, aún su concepción es incipiente.Leer
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