Si bien algunas empresas han adoptado la responsabilidad social dentro de sus políticas de gestión, aún su concepción es incipiente, requiriendo de un apoyo y difusión mayores.
Partamos de una verdad incuestionable: toda empresa es un agente de permanente cambio social. Ello porque sus políticas y acciones tienen una repercusión directa en el ambiente interno de la organización y, sobre todo, en la comunidad que lo acoge y del cual se nutre. Por eso, su participación dentro de la sociedad no se limita a la oferta de un producto o servicio, sino a la influencia que ejerce sobre la totalidad de los actores; llámense accionistas, colaboradores, proveedores, clientes, autoridades, y población en general. Bajo este criterio, nace el concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), y se concreta a través de prácticas orientadas a la contribución de un bienestar y progreso colectivos.
Su origen se remonta a los periodos posteriores a la gran depresión de 1929, cuando algunas compañías norteamericanas y europeas empezaron a mostrar preocupación por generar un clima estable y mejores condiciones de trabajo. Más tarde, en la década del setenta, cuando el impacto social y ambiental del industrialismo resultaba evidente, las grandes corporaciones comenzaron a diseñar, elaborar y hacer públicos Códigos de Conducta basados en la transparencia y el aporte de una autorregulación.
Durante los ochenta y, particularmente, noventa, la aparición de nuevas demandas dirigidas a las empresas hacía suponer que estaba por redefinirse su rol y compromiso frente a la sociedad. Como explica el sociólogo y especialista en el tema Enrique Fernández-Maldonado: “la globalización posibilitó un cambio en la economía y política mundiales, e impulsó una cultura del ‘consumo ético’ o ‘solidario’ que buscaba corregir las imperfecciones del sistema. Así, se difundieron campañas contra el trabajo infantil, a favor de los vegetales no transgénicos o los combustibles ecológicos. El valor de los ‘intangibles’ se convirtió, entonces, en un criterio relevante para las pautas de consumo”.
Mayor posicionamiento
Esta tendencia ha evolucionado aún más en los años venideros, al punto que las compañías han asumido políticas específicas para satisfacer tales exigencias y, de paso, fidelizar a su público interno y externo. De esta manera, de ser un conjunto de acciones esporádicas de corte asistencialista, la Responsabilidad Social Empresarial se ha convertido en una herramienta efectiva de gestión de negocios. Por eso, no es casual que para ciertas empresas suponga una estrategia que brinda distinción y reputación a sus productos, así como una ventaja competitiva muy importante que sirve de sustentación a su marca.
No obstante, en países emergentes como el nuestro, los programas de RSE aún se encuentran en etapa de formación, aplicándose en un segmento empresarial minoritario. Para Giuliana Reyna, directora de la consultoría Global Research Marketing, el panorama tiene visos de mejora en un futuro cercano. “El compromiso social ha dejado de ser una moda para afirmarse como una tendencia estable en el tiempo. Según nuestras encuestas, cada vez son más las firmas peruanas que aplican este tipo de iniciativas en beneficio de la colectividad”. A similar conclusión arriba Emilio García Vega, docente de la Facultad de Administración y Contabilidad de la Universidad del Pacífico: “las compañías han empezado a poner en marcha proyectos sociales de manera organizada; aunque solo unas pocas le dan una verdadera relevancia estratégica, lo primordial es que ya no se trata de una cuestión pasajera, sino de un tema actual, agendado y especialmente discutido por los más jóvenes”. Continuar