La crisis viene afectando a la comunidad peruana en el extranjero. Esta situación amerita un análisis detallado con el fin de plantear soluciones viables.
La emigración peruana se incrementó de manera exponencial en la última década, trayendo consigo la mejora de la calidad de vida de quienes partieron y la de sus familiares residentes en el Perú. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, en el año 2008 tres millones de compatriotas vivían fuera del país; en tanto, un millón seiscientos mil ayudaban regularmente a sus parientes, enviándoles remesas que promediaban los 166 dólares cada mes y medio.
Sin embargo, el panorama ha cambiado a raíz de la crisis internacional: muchos peruanos han perdido sus puestos de trabajo y se encuentran experimentando una suerte de limbo en torno a su permanencia. Sucede que, ante el descenso del empleo en lugares como Estados Unidos, Italia, España o Japón, los emigrantes se encuentran ante una vía con dos salidas: acogerse a los planes de retorno dispuestos por los gobiernos de turno o aguardar, pacientemente, a que la economía retome su impulso anterior.
Sin vuelta atrás
España es el país europeo con mayor cantidad de peruanos en su territorio (cuatrocientos mil, aproximadamente). A su vez, cuenta con el mejor paquete de políticas de retorno (*) para los inmigrantes regulares, unos ciento treinta mil. Sin embargo, según el Ministerio de Trabajo e Inmigración español, apenas 334 de nuestros coterráneos han decidido hacer maletas y regresar. Considerando los cuantiosos beneficios económicos contenidos en la norma y la crítica empleabilidad de la región, la pregunta cae de madura: ¿por qué no surte efecto la disposición española?
Para Óscar Sandoval, funcionario de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la razón se debe, principalmente, a un tema de actitud. “El peruano que reside de manera regular en el extranjero tiene claro que la vuelta a casa no es una opción. Nosotros y, en general, los latinoamericanos, somos más dúctiles para mudar de actividad o de lugar, condición que nos permite resistir mejor la escasez de trabajo”, asegura.
Por su parte, Teófilo Altamirano, antropólogo y experto en temas migratorios, manifiesta que “los emigrantes golpeados por la crisis no retornarán inmediatamente, sino que buscarán alternativas para no romper el compromiso económico que mantienen con sus seres queridos”. Según el especialista, la importancia de las remesas resulta enorme porque cubren la mitad del presupuesto mensual de estas familias.
El gran golpe
En la actualidad, la emigración peruana está concentrada fundamentalmente en Estados Unidos, país en el que, hasta la fecha, se han perdido más de 3,6 millones de puestos de trabajo. Como es natural, nuestros compatriotas dedicados a sectores como servicios, construcción e industria, se han visto seriamente afectados. “Los residentes regulares han tenido que cambiar de actividad para dedicarse a lo que encuentren o, caso contrario, han visto reducida su jornada de cuarenta horas semanales a veinte, incluso diez”, asevera Carlos Aramburú, catedrático del Diplomado de Migraciones de la Universidad Católica.
Sin embargo, quienes han sentido todo el peso de la crisis son los cerca de seiscientos mil peruanos indocumentados que viven en el territorio norteamericano. A este grupo les es muy complicado conseguir un empleo, ya sea de medio tiempo, mal remunerado o subvaluado. Por tanto, su estadía depende directamente de la prontitud con que el presidente Barack Obama apruebe su prometida ley migratoria, que les facilitaría los trámites para residir y laborar dentro de un marco legal.
En Europa, el futuro tampoco se visualiza promisorio. Por ejemplo, España, que congrega a cuatrocientos mil peruanos, atraviesa una de las depresiones más agudas de su historia y revela el mayor índice de desempleo del continente —17,4% en mayo pasado—, doblando, prácticamente, al promedio del resto de naciones de la Unión Europea. Por este motivo, en junio pasado, el Gobierno español anunció que el trabajo para inmigrantes escasearía aún más que en el 2008. En este sentido, la tabla de salvación para los peruanos se encuentra en la constante demanda de servicio doméstico, el cuidado de personas y la limpieza de casas u oficinas, labores que continúan siendo evitadas por los ibéricos.
Otro país con una gran recesión a cuestas es Italia. A junio de 2009 tenía a setecientos mil desempleados, y los analistas indicaron que llegarían al millón antes de terminar el año. Ante este apuro, las grandes y medianas empresas han decidido enviar a sus trabajadores a sus casas con un pago reducido, utilizando la Cassa Integrazione, un fondo financiado conjuntamente por los empleadores y el Gobierno. Sin embargo, los trabajadores temporales y los empleados de empresas pequeñas —buena parte de ellos de origen extranjero— no cuentan con esta red, y resultan los más vulnerables. Continuar