¿Esa ausencia de conocimientos también sería la razón por la que el 70% de estos negocios, según la Sociedad Nacional de Industrias, fracasa?
Sí, porque cuando una empresa fracasa es debido a que ha hecho mal las cosas. Y lo primero es la planificación: se comienza con una idea, pero no se valida esa idea. Hay que ser bastante frío y calculador para evaluar qué negocio puede funcionar a partir del capital, los conocimientos y la red de contactos que se tiene. En Estados Unidos, resolvieron ese asunto educando a la gente, incentivando planes de negocio y haciendo un esfuerzo gigantesco durante décadas para profesionalizar a los ejecutivos, trabajadores y socios de negocios pequeños y grandes. Ese trabajo educativo, lamentablemente, no se ha hecho aquí.

¿Cómo lograr esa profesionalización, esa educación empresarial? ¿Depende del Estado?
No, en primer lugar depende de la propia persona. Si uno quiere mejorar su economía, se tiene que preparar. Pero uno se prepara cuando hay oferta. ¿Por qué se toma más café que té? Porque hay más publicidad, más promoción, más incentivos que estimulan el consumo de café. Entonces, pregunto: ¿existe una verdadera promoción de capacitación para pequeños empresarios? La respuesta es no, no hay programas adecuados que el empresario valore, que sean prácticos y dinámicos; no hay una oferta a la altura de sus necesidades. Por ello, nuevamente aparece la urgencia de estudiar ese tema y plantear soluciones concretas que no sean leyes ridículas de microempresa cuya eficiencia es, por demás, cuestionable. Estoy convencido de que debemos centrarnos en mecanismos más activos de promoción, en gestionar una política de estandarización de estos negocios, en elaborar una estrategia publicitaria sostenida para que la profesionalización se convierta en una obligación. Cuando logremos ir por esa ruta, la formalización será posible.
Dígame un caso donde estas medidas hayan sido aplicados con éxito.
Cuando dirigía Prompyme, se diseñaron varios programas. Uno de ellos fue Cebiche: Imagen del Perú, que funcionó durante los años 2001 y 2002. Consistía en la entrega de una certificación a las cebicherías que cumplían ciertos estándares de calidad.
¿Una especie de ISO?
Exacto, una suerte de ISO que, por un lado, incentivaba la profesionalización de estos restaurantes y, por el otro, le informaba a la gente que en estos locales la materia prima era bien tratada, los procesos eran los adecuados y los trabajadores estaban calificados. Ahora, el panorama gastronómico es otro, pero en ese momento planteamos un modelo ejemplar. Coordinamos no solo con los chefs más populares de entonces, como Gastón Acurio, Adolfo Perret y Cucho La Rosa, sino también con las instituciones dedicadas a la enseñanza de la cocina y los hoteles. Se compartieron ideas, propuestas y enseñanzas, logrando conformar una comunidad. Esa iniciativa derivó en que 75 cebicherías mejoren y crezcan empresarialmente y que el rubro se dinamice.
Su ejemplo es también una muestra de que un diálogo más estrecho entre autoridades y empresariado es prioritario.
Sí, pero el problema principal no está en los empresarios, sino en una intelectualidad conformado por economistas, funcionarios y especialistas, que no ha logrado comprender de qué trata este desarrollo espontáneo de las empresas. No entienden que si las mypes no se ponen de acuerdo, no se especializan y no tienen excedente para invertir, se perjudica toda la nación. Y es que cada familia peruana se ve perjudicada cuando un empresario hace mal las cosas. Por eso, todos deberían buscar que lo haga mejor, porque no es un asunto tributario ni siquiera monetario, sino un asunto de bienestar en la comunidad.
Hace unos años, leí en una entrevista que criticaba severamente el sistema financiero. ¿Sigue manteniendo esas afirmaciones?
Sí, porque las tasas de interés siguen siendo elevadas. Cuando estábamos desarrollando la campaña Cebiche: Imagen del Perú, me enteré del caso de una cebichería que había obtenido un crédito de 150% de tasa de interés. Un verdadero escándalo. Hoy, seguimos viendo tasas de 25, 20% que son altísimas en comparación con las que obtienen las grandes corporaciones.Continuar...