A partir de los lamentables sucesos ocurridos en la selva, el TLC con Estados Unidos volvió a ser foco de atención. Aldo Defilippi, director ejecutivo de AmCham Perú, detalla la naturaleza del acuerdo comercial.
¿Qué tan importante es la política comercial que viene siguiendo el Gobierno para el desarrollo del país?
La política de apertura comercial con el resto del mundo es muy importante para el desarrollo del Perú porque ha sido el gran motor que impulsó el crecimiento y la mejora en competitividad del país, lo cual se ha reflejado en mayores exportaciones, mayor empleo, mayores ingresos y mayor eficiencia productiva. Posteriormente pasó a complementar el impulso generado por la demanda interna, lo que permitió lograr las tasas de casi 10% anual que vimos el año pasado.
¿Es el TLC con los Estados Unidos un pacto comercial fundamental para el país, como afirma el Gobierno?
Los acuerdos comerciales no son la panacea; son instrumentos de política económica que hay que aprovechar, pero que, por sí solos, no constituyen una solución a todos los problemas nacionales. De hecho, si no existe una oferta exportable, si lo elaborado no compite adecuadamente con producciones de otros países, si no hay una infraestructura de calidad y si escasea una mano de obra calificada, poco es lo que se puede obtener.
Entonces, hace falta una producción nacional de mayor competitividad.
De acuerdo, pero mientras logramos una mejora significativa en los aspectos mencionados, no podemos detenernos. No hay que olvidar que el antecesor del TLC, la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga (ATPDEA), significó un crecimiento de las exportaciones de dos mil cien millones de dólares a casi seis mil millones entre el 2001 y el 2008. Asimismo, las exportaciones generadas por esta preferencia arancelaria generaron casi un millón de nuevos puestos de trabajo.
Si ya teníamos la ATPDEA, ¿por qué resultó clave la suscripción de un nuevo acuerdo?
La ATPDEA es una concesión unilateral y temporal del gobierno americano a los países andinos. De hecho, Bolivia ya lo perdió y Ecuador tiene problemas para su renovación. De otro lado, su transitoriedad no permite atraer inversiones que requieren un largo plazo para poderse justificar. Es decir, este régimen ha sido sustituido por un acuerdo entre los dos países, de carácter permanente.
En qué medida el TLC con los EE.UU ha favorecido la negociación de otros TLC?
Sin lugar a dudas, la negociación de este primer TLC, que tiene los estándares de los acuerdos comerciales más recientes, ha marcado la pauta y ha facilitado la negociación de los demás. Los TLC con Canadá, la Asociación Europea de Comercio Justo (EFTA), la Unión Europea y otros en proceso, como con Corea y Japón, se beneficiarán de la experiencia del suscrito con los EE.UU.
¿Cuáles son los beneficios concretos del TLC en el terreno laboral?
Ciertamente, una mayor generación de empleo y la creación de puestos de trabajo mejor remunerados gracias al comercio. Adicionalmente, las reformas introducidas por el Congreso demócrata americano han establecido estándares muy estrictos en defensa de los derechos laborales y del medio ambiente. Casos como el trabajo infantil, por ejemplo, se encuentran protegidos por normas agregadas en el tratado.
¿Y qué desventajas o inconvenientes podría ocasionar en el futuro?
Es muy simple: si se negocian acuerdos que no se llevan a la práctica o que no se aprovechan de la manera correcta, es posible que aparezcan las frustraciones. Por eso, ahora se trata de que se den las medidas necesarias para una mejor productividad, y de que los sectores público y privado trabajen para atraer inversiones, formar empresas conjuntas y aprovechar los mercados internacionales.