EL FACTOR EXTERNO
La crisis financiera parece haber golpeado a todo el mundo, menos al Perú. ¿Qué me dice al respecto?
Bueno, el consumo es terrible. Uno ve Lima los fines de semana y la gente está comprando como si el mundo se fuera a acabar. Hay un nivel de endeudamiento brutal, pero creo que sí nos hemos dado cuenta que tenemos una situación especial en el mundo, que si no se sigue invirtiendo y trabajando nos va a golpear la crisis. Creo, de todas maneras, que las consecuencias reales se van a ver a partir de mayo y junio. Ahora, lo más sensible recae en el sector de las minas, y por ahí el sector textil y agro-exportador.
¿Qué otros factores, producto de la crisis, van a jugar a favor de la generación de empleo?
Sólo te puedo decir que hemos estado visitando a unas compañías, como Southern Perú o Doe Run, pidiéndoles que sigan invirtiendo y confiando en el país, que no despidan trabajadores. También hemos tenido un diálogo fluido con la Sociedad Nacional de Minería, el ADEX, para conocer qué trabas tiene el Estado, que termina alejando a los inversionistas.
¿Y cuáles son esas trabas?
Hay demasiados obstáculos para autorizaciones, demasiada burocracia. Creo, como decía el Presidente, que el burócrata, o el que esté, va a tener que agilizar el paso porque, de lo contrario, mientras firma acá y pone quince sellos, ya tienes más gente en la calle y se pierden inversionistas que se van desanimados porque otros países ofrecen mejores condiciones.
PEQUEÑAS CERTEZAS
¿No le parece que existe una fiscalización muy rígida de las pequeñas empresas?
No. ¿Qué operativos he hecho yo este año? Empresas interprovinciales cuya informalidad llega al 85%, lo cual es brutal. Luego, hemos paralizado 85 construcciones, que ponían en riesgo la vida de muchos trabajadores. Y acabamos de comenzar una inspección nacional de 2.000 pollerías, cuyo 60% de empleados no aparece en planilla. El país no va a crecer si seguimos con ese nivel altísimo de informalidad.
¿Y en las grandes empresas no se practica esta informalidad? ¿A eso se refiere?
En las empresas grandes, la informalidad resulta menor, tal vez un 10 o 12 %, que a veces, más que nada, es vía una modalidad, vía una locación de servicios, un contrato temporal. Te cuento una anécdota: cuando íbamos a iniciar el Operativo Locadores para detectar relaciones encubiertas y la no inscripción en planillas, conversé con el ministro para que autorizara una contraorden. Y es que pasa algo muy sencillo: si la empresa sabe que va a ser fiscalizada, ¿qué es lo hace con el trabajador? Pues, lo bota, y ese no es el sentido de nuestra función. Entonces, nos enfocamos mejor en las empresas que venden y, supuestamente, no tienen trabajadores, que eso sí es grave.
La ley Mype, que se encuentra activa desde el año pasado, ¿no aporta más beneficios al empleador y, en cambio, recorta los del trabajador?
La idea es brindar facilidades a ese trabajador que da empleo a otros trabajadores, cubriendo el Estado una parte de su formalización y dando un marco legal a esa gente que no tiene derecho a nada.
Digamos, ¿se trata de formalizar a costa de reducir los beneficios del empleado?
Sí. Lo que sucede es que si se le exige al dueño a que cumpla con todo, sencillamente no lo va a hacer. Entonces, yo creo que es buena la idea de comenzar dando algunos derechos para, después, ir potenciándolos en la medida que estas empresas ganen sostenibilidad. Ahora, pese a que este tema lo está viendo Produce, debo decir que se han inscrito bastantes empresas y que unos 60.000 a 70.000 trabajadores han resultado beneficiados.
Para terminar, su ministerio ha proyectado más de 400.000 nuevos puesto de trabajo para este año. ¿No es algo optimista?
Todo depende de las obras de gran envergadura. Por ejemplo, hay un proyecto, si no me equivoco, en la Panamericana Norte, y otro en la Costa Verde. Hay grandes obras que van a necesitar mucha mano de obra. Lo que hay que tratar es correr con los trámites, estar a la altura, para que éstas se concreten en los tiempos pactados. Pero sí creo que nos irá muy bien.