LA CONSULTORA DE LA OIT HABLA, LARGO Y TENDIDO, SOBRE UNO DE LOS GRANDES ESCOLLOS DEL DESARROLLO SOCIAL DE NUESTRO PAÍS: LA POSTERGACIÓN DE LA MUJER EN EL TRABAJO.
¿Cómo analiza la posición actual de la mujer en el mercado laboral nacional?
En las tres últimas décadas se ha registrado un incremento, sin precedentes, de las tasas de participación de la mujer en el empleo remunerado del país. Sin embargo, este avance ha sido desigual y limitado, en muchos casos en situaciones de desventaja y precariedad laboral, que se evidencian más en zonas rurales. Solo una proporción pequeña corresponde a modalidades de empleo tradicional y asalariado, amparadas por sistemas de protección social.
¿El problema central son las condiciones de empleo?
En efecto, las trabajadoras peruanas se insertan en empleos de peor calidad respecto de los hombres. Predomina su inserción en sectores de baja productividad, se siguen dedicando, predominantemente, a ciertos tipos de ocupaciones: servicios, agricultura y otras. Ocupan puestos de trabajo considerados “femeninos”, caracterizados por su condición irregular, inseguridad y baja remuneración.
Pero, en los últimos años, se observa cada vez con mayor frecuencia a mujeres en puestos directivos. ¿Eso no es una señal de mejoría?
Los índices de participación de mujeres en cargos directivos son muy reducidos para hablar de una realidad.
En todo caso, ¿cuánto se ha avanzado respecto a la igualdad de derechos en el campo laboral?
Considero que, en los últimos quince años, se han producido iniciativas normativas importantes para prevenir y combatir la discriminación contra la mujer, y promover la igualdad de trato y oportunidades en las esferas económica, política y familiar. No solo eso, sino que, además, se han desarrollado políticas e instituciones para la igualdad y generado más espacios de consulta y debates nacionales…
¿Pero están dando resultado estas iniciativas?
Pienso que la igualdad de género se encuentra todavía en proceso. Pero todos las medidas que se han implementado son valiosas y están ayudando a cambiar una realidad de por sí compleja.
Algunos opinan que la desigualdad de oportunidades entre géneros es un problema, esencialmente, de educación, pues una gran fracción de mujeres jóvenes se ven postergadas a estudiar una carrera y, por eso, no llegan a tener las mismas calificaciones que un hombre. ¿Usted qué piensa?
En los últimos años las mujeres ocupadas han alcanzado mejores niveles educativos. Por ejemplo, entre los años 2004 y 2008 se produjo un incremento del 2,5% del número de mujeres con nivel universitario. Sin embargo, más allá de eso, se sabe que la falta de educación sí es un problema crónico, sobre todo en las poblaciones menos favorecidas. En ese sentido, las niñas viven aún una penosa discriminación, dado que los padres suelen entregar mayores oportunidades educacionales y de desarrollo a los hijos varones. Este simple hecho resulta crucial en la reproducción de desigualdades en la vida adulta.
Si uno se pone en el zapato del reclutador de personal, ¿no resulta válido preferir contratar a un hombre que a una mujer, entre otras razones, para evitar los gastos de un eventual embarazo?
Un estudio sobre los costos salariales y no salariales de contratación de hombres y mujeres en Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay, realizado por la OIT en 2002, mostró que los costos ímplicitos asociados a la contratación de una mujer son muy reducidos para el empleador, representando menos del 2% de la remuneración bruta mensual.
¿Solo eso?
Es más, respecto a los costos relacionados con la maternidad, el mismo estudio evidencia una baja incidencia anual de embarazos y, por tanto, de licencias por maternidad y de prestaciones asociadas a ella. Asimismo, la legislación de los países estudiados establece que la atención médica de la trabajadora durante el embarazo y el parto no son financiadas directamente por los empleadores, sino por los fondos públicos, la seguridad social, o por las propias trabajadoras en sistemas privados. En suma, los resultados de esta investigación demuestran, claramente, que no son únicamente las empresas las que sustentan los costos de maternidad.
¿En qué tipo de empresas se revelan mayores casos de discriminación de género? ¿En las pequeñas? ¿Grandes? ¿En algún sector en particular?
Lamentablemente, los datos y estudios sobre discriminación laboral en el país son insuficientes para poder darle una respuesta exacta.
Según algunas estadísticas del Ministerio de Trabajo, uno de los grupos más afectados por el desempleo es el de mujeres jóvenes. ¿Por qué esta tendencia?
Sin duda, la situación de los jóvenes es preocupante. De acuerdo con el informe “Trabajo Decente y Juventud Avance” de la OIT, aproximadamente siete millones de jóvenes están desempleados en América Latina y el Caribe. Esta situación aqueja de manera significativa a las mujeres jóvenes, que se ven relegadas producto de las desventajas derivadas de las normas sociales y culturales relacionadas con el género, que comúnmente encasillan a las mujeres a empleos mal remunerados y poco productivos, limitando sus posibilidades de obtener recursos y contribuyendo, así, a la feminización de la pobreza. Así, muchas jóvenes se ven encerradas en el círculo vicioso de la pobreza, sobre todo cuando su posición les impide acceder a un puesto digno y generar ingresos suficientes y estables. Continuar...