El jefe de cabina de taca nos da algunas impresiones, luego de haberse convertido en un fenómeno mediático, gracias un video en internet en el que se oye su peculiar discurso a los pasajeros de un vuelo.
Gracias a su intervención, Taca se ha convertido en algo muy parecido a una línea de bandera para el país, al menos, en el imaginario del ciudadano peruano. Debe estar sorprendido.
Me parece increíble la reacción de la gente. Por ejemplo, uno de mis contactos del Facebook me contó una historia al respecto: había comprado un boleto en la competencia y esta la había mandado a pagar el importe en un banco. Pero ese día había mucha cola y ella comenzó a impacientarse. Entonces, se acordó del video y decidió dar marcha atrás y comprar su pasaje en Taca.
Su contribución a la aerolínea ha sido enorme. ¿Lo han premiado formalmente?
He recibido un aumento de sueldo, además de muchos cumplidos y algunos premios. Cuando se hizo público el video, fui citado por el gerente general. Sucedió algo muy gracioso en esa reunión. El gerente me enseñó una pila de correos impresos y me dijo que se trataba de felicitaciones de personas que habían que volado conmigo y de otras que se comprometían, a partir de ahora, a viajar con Taca. Me dijo que había hecho algo muy importante, pero que, lamentablemente, no podía utilizar los parámetros estándares de premiación porque no le alcanzaría los recursos para compensarme.
¿Y cómo tomó aquellas palabras? ¿Le pareció injusto?
No me pareció injusto porque es mi trabajo y, si lo hago de esta manera, es porque lo disfruto muchísimo. Soy muy consciente de que todo fue un hecho fortuito. Dije algo, lo colgaron en Internet, pasó lo que ya sabemos, pero, al final, lo que hice era parte de mis funciones.
¿Por qué cree que su discurso tuvo tanto impacto?
Porque toco temas que nos identifican mucho, como la comida, los sitios turísticos y populares. Además, están la picardía, el criollismo y, sobretodo, el factor sorpresa, porque lo que se espera de un jefe de cabina es que solo lea un protocolo fríamente.
Precisamente, has comentado en otro medio que tu humor e ingenio fueron incentivados por un programa que Taca dicta a sus colaboradores. ¿En qué consiste exactamente?
Durante tres días de convivencia, nos pasan videos de historias motivadoras y nos inducen a conocernos internamente. El objetivo del curso, llamado “Trato personal”, es desarrollar nuestra capacidad para entablar una conexión emotiva con los pasajeros para lograr su completa comodidad y su identificación con la compañía. Un pasajero que establece una relación emotiva con la empresa, adquiere el pasaje no solo por su precio, sino porque siente una afinidad hacia nosotros.
¿Siempre ofrece discursos tan emotivos?
No siempre. Al momento del despegue, cuando presento a la tripulación, veo si el público es receptivo. Si aplaude, ríe o saluda, ya sé que tengo que hacerlo. Por otro lado, mi protocolo no me obliga a ser gracioso. Puedo leer el anuncio original y listo.
¿A raíz de su labor, sabe si Taca le ha pedido al resto de jefes de cabina que siga su ejemplo?
No, lo único estipulado es pararse frente a los pasajeros, coger el micrófono y presentar a todos los tripulantes. La manera en que uno lo haga es libre. Además, cada jefe de cabina tiene su forma propia de trabajar. Y a eso no hay vuelta que darle.
¿Tiene presente que, más allá de su popularidad, cada acción que haga a partir de ahora repercutirá en su empresa?
Sí, soy consciente. Y eso a veces puede resultar complicado. Solo el hecho de dar explicaciones a las personas porque no puedo tomarme una foto con ellas resulta fatigante. Pero tengo en cuenta que ya no es solo mi imagen la que está en juego, sino también la de Taca. Entonces, claro, procuro tomarme la foto.
¿De dónde saca el fondo de sus discursos?
Un amigo me prestó un libro de un autor argentino –que además fue aviador– y adapté referencias peruanas a sus frases para identificar al país con el anuncio. Intenté hacerle más variaciones, pero hay cosas que están tan bien escritas que es imposible modificarlas.
¿Qué públicos son los más motivadores?
El argentino y el uruguayo. Ellos aplauden, silban y se ríen. El peruano es un poco más tímido, le gusta reírse más por dentro. En este sentido, somos muy parecidos al boliviano y al ecuatoriano.