TECNOLOGÍA
¿Cuánta in­fluen­cia ejercen los so­cial networks en la bús­que­da de em­pleo?

Los tiem­pos ya cam­biaron. De un tiem­po a esta par­te, las re­des so­cia­les y ser­vi­cios de la Web 2.0 se han apo­de­ra­do de mu­chos – o casi to­dos los as­pec­tos de la vida co­ti­dia­na. Lo que an­tes era una moda di­fun­di­da en­tre un pú­bli­co ado­les­cen­te y ju­ve­nil, hoy es una rea­li­dad de la cual mu­chas em­pre­sas ya for­man par­te. Sólo por ci­tar al­gu­nas ci­fras, en el mun­do exis­ten más de 1,600 mi­llo­nes de usua­rios de In­ter­net ge­ne­ran­do y com­par­tien­do con­te­ni­dos; en el Perú en­tre 7 y 8 mi­llo­nes de per­so­nas usan In­ter­net, que además es el me­dio de co­mu­ni­ca­ción más re­cu­rri­do por el 90,5% de jó­ve­nes, se­gún la última en­cues­ta rea­li­zada por Uni­versia. A ni­vel mun­dial, el uso de las re­des so­cia­les ha su­pe­ra­do al co­rreo elec­tró­ni­co, si­tuándose en la cuar­ta ac­ti­vi­dad más rea­li­zada en In­ter­net (en­cues­ta rea­li­zada por Nielsen Online a ni­vel mun­dial en di­ciem­bre de 2008). In­clu­so, en paí­ses como Rei­no Uni­do, las re­des so­cia­les y co­mu­ni­da­des han des­pla­za­do a la por­no­gra­fía en el nú­me­ro de usua­rios únicos.

Esta si­tua­ción no es aje­na al cam­po em­pre­sa­rial, don­de mu­chas or­ga­ni­za­cio­nes han co­men­za­do a bu­ce­ar en los per­fi­les pú­bli­cos que los can­di­da­tos tienen en las re­des so­cia­les como Linkedin, Xing y en es­pe­cial Facebook. Es­tos es­pa­cios vir­tua­les de so­cia­li­za­ción están sir­vien­do a las áreas de re­cur­sos hu­ma­nos, con­sul­to­ras de se­lec­ción de per­so­nal y ca­za­ta­len­tos  como he­rra­mien­tas para re­vi­sar y eva­luar in­for­ma­ción de toda cla­se, des­de la pro­fe­sio­nal y la­bo­ral has­ta la más per­so­nal e ín­ti­ma. Y no esto no es ca­sua­li­dad: solo Fa­cebook cuen­ta con más de 200 mi­llo­nes de usua­rios a ni­vel mun­dial, ci­fra que lo con­ver­tiría en el quin­to país más po­bla­do de la tie­rra (su­pe­ran­do a Bra­sil, Ru­sia y Ja­pón). En de­fi­ni­ti­va, una base de da­tos como esta no se podría de­jar de lado a la hora de bus­car al can­di­da­to ide­al.

Sin em­bar­go, ¿has­ta qué pun­to puede in­fluir la in­for­ma­ción de los per­fi­les pú­bli­cos al mo­men­to de de­ci­dir o re­cha­zar una nue­va con­tra­ta­ción? ¿Es co­rrec­to hur­gar en la vida pri­va­da de los can­di­da­tos a tra­vés de sus per­fi­les en las re­des so­cia­les? Al­gu­nos es­pe­cia­lis­tas afir­man que esto ayu­daría a la em­pre­sa a co­no­cer me­jor las ha­bi­li­da­des so­cia­les y con­duc­tas del po­si­ble tra­ba­ja­dor.

De otro lado, quien tiene la res­pon­sa­bi­li­dad de es­ta­ble­cer los lí­mi­tes de ac­ce­so de ter­ce­ros a la in­for­ma­ción per­so­nal pu­bli­ca­da en los per­fi­les de las re­des so­cia­les es el pro­pio usua­rio. En ese sen­ti­do, es bien sa­bi­do que en to­das las re­des so­cia­les se pueden ele­gir di­ver­sos ni­ve­les de pri­va­ci­dad para casi toda la in­for­ma­ción que se mues­tra en ellas. De to­dos mo­dos, es re­co­men­da­ble que el usua­rio cree dos per­fi­les: uno de uso per­so­nal y otro para te­mas pro­fe­sio­na­les. Las op­cio­nes en el mer­ca­do son mu­chas y como ya se men­cionó an­te­rior­men­te, la Web 2.0 brinda bue­nas al­ter­na­ti­vas como Linkedin o Xing para per­fi­les pro­fe­sio­na­les o Facebook, Hi5 o Myspace para los más so­cia­les.

Fi­nal­men­te, es im­po­si­ble es­ca­par al mun­do2.0 y sus nue­vas tec­no­lo­gías. Por eso los pro­fe­sio­na­les, busquen o no busquen em­pleo, de­ben ade­cuarse a es­tas for­mas – ya no nue­vas – de co­mu­ni­ca­ción. Y esta ade­cua­ción im­plica te­ner el cri­te­rio para sa­ber cre­ar los per­fi­les ade­cua­dos, con­ser­van­do la pru­den­cia y te­nien­do en cuen­ta que no solo sus  ami­gos podrán ac­ce­der a esa in­for­ma­ción ín­ti­ma que pu­blica. Re­cuer­de: us­ted tiene el con­trol.

 

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